COMPOSICIONES LITERARIAS

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

EL CUENTO  DEL  CAMINANTE EN SOLEDAD POR NAVIDAD.

Por Andrés Rubia

 

Y de nuevo vuelvo a preguntarme si lo que a veces me ocurre tiene que ver con actitudes bohemias. Actitudes que no todo el mundo entiende, virtud, o según el número de veces, virtudes que me hacen salir de casa pasadas las doce y desde un semáforo en rojo, entre edificios, anclar mis ojos en la luna.

Me apasiona un cuadro, ya lo dejé caer en mi primer libro de relatos. Su autor es Caspar David Friederich, pintor del romanticismo alemán: “Caminante sobre mar de niebla”. Ahí tenéis la definición de una actitud romántica. Es mi cuadro favorito.

En ese cuadro está la incertidumbre del ser humano, el ascetismo más ambiguo, pudiera ser misticismo, quizá la desdicha y la nobleza, el apego o el desapego a la vida, el inseguro destino, el desatino de un mal fario, o simplemente, la belleza de la soledad al aceptarse el mismo personaje como inadaptado en una sociedad de época. Son tan importantes las revoluciones…

Podría contaros la historia y hasta incluso los sentimientos de ese varón dando la espalda... Joven, treintañero, lastimado en una pierna por un disparo en un duelo al amanecer, apoyado en su báculo. Ella no lo escogió a él pese a salir vivo del lance. Morir por amor es muy diferente a morir de amor. Bien lo sé, bien lo sabes.

El caminante regresa su mente al pasado y un helor borrascoso le recorre el pecho. La amaba más que a su propia vida. De hecho, la arriesgó a muerte. La textura de la niebla le trae el recuerdo del tejido de su vestido níveo y cándido, del aroma a jazmín en su cuello, del carmín de sus labios, del fulgor aperlado de sus ojos. Es valiente y se mantiene en pie. Ahí lo tenéis, firme ante la melancolía, sin ganas de vivir o contemplando sobreviviente la vida. Las nubes pasan bajo sus ojos. Debería haber muerto en ese desafío pero no fue así. Estuvo a punto, pero su proyectil llegó antes al pecho del militar. Su rival bajó el cañón y no precisó. Tú, joven caminante, doblegaste la vida de un apuesto teniente de caballería. No supiste, caminante, o quizá no pudiste mantenerla a tu lado y entonces se cruzó él, y sonaron dos disparos casi seguidos, en aquel claro del bosque apenas recién despertado el sol, y los dos caísteis heridos, uno de muerte, tú sangrando la diestra, pero ella lloró por él… Ella le amaba… Ella lloró por él.

Te mereces la soledad y tu actitud bohemia, caminante sobre mar de niebla, te mereces tanto esa soledad perniciosa como yo ahora al contarle a la gente que a veces y, pese estar rodeado de personas, no acierto a cómo evitar el frío de mi cama y algunas noches, tomo el coche y salgo a desangrarme de congoja, a vagar por esta ciudad iluminada de navideñas luces para pararme en un semáforo, y entre edificios y áticos, anclar la mirada en la luna por si alguna vez me dice dónde debo encontrarla.

Cada navidad, tú y yo somos un año más viejos. La luna también. Estoy completamente seguro de que existe, a lo mejor ya la conozco, a lo mejor nos falta tiempo, sin embargo, cada centímetro que le gano a la distancia, es un año luz de oscuridad porque no la encuentro.

No soy tú, caminante, pero quizá quisiera serlo. Por eso estoy escribiendo un cuento de soledad en Navidad. Del bien al mal, de la verdad a la mentira, del amor al odio, sólo soy una persona, un faro, un centímetro de distancia al cometa del destino que me lleva. Maldita bendita luna llena. Ayúdame a encontrarla.

Sólo eso.

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

CARTA CON BANDA SONORA

Por Andrés Rubia

 

¿Y qué es la pasión? sino un modo de comprender nuestra manera irreflexiva de sentirnos vivos.

Acabo de terminar de ver una gran película en el plus. Lo he hecho en chándal, después de anularse un partido de padel por motivos que no considero importante decir y que no te voy a contar.

 Interesante escena: Yo tumbado en el sofá, en el biplaza -(ése lo conoces, yo te he arropado ahí)-. Ahí me tienes con la capucha de mi sudadera encapotándome la cabeza estilo rap, con la atención en la pantalla, después de haber estado desconcertado momentos antes y mientras preparaba mi frugal cena, aguantando el frío- ya sabes que mi casa es ártica en invierno- renunciando a poner la estufa, sufrido, entrenándome para las próximos días de Venezia sin tí, con las manos entrelazadas a modo de cuerpo presente, arropado en la experiencia del fracaso, con esa manta de viaje que tú conoces, mientras la secadora prosigue rotatoria y su sonido llega desde…. En la cocina, antes de irme para la tele, he pasado un rato aturdido, tullido, perdido, hasta el punto de equivocarme colocando un alimento perecedero en el armario del pan en vez de en el frigorífico. He rectificado mi error. Me he perdonado. Sigo pensando en ti, en lo que no ha funcionado. La autocompasión perjudica seriamente los valores del individuo. Ahora pienso que no valgo ni para novio ni para marido ni para nada. Qué mal me siento. Es curioso cómo se descoloca el sentimiento humano…Ah, sí, la película: …La vida de Flynn… Te la recomiendo a ti que tanto te gusta ir al cine. Seguro que no te deja indiferente. Está cargada de mensaje existencial, de escenario real con elípticas al pasado de los personajes. La poética a través de los diálogos es perceptible y fácil, sutil hasta el punto de haberme sugerido escribir esto.

¿Escribir? Hacía mucho tiempo que no escribía. Hace mucho que no entro en mi propia página web, en Facebook, en esas habitaciones de mi vida de donde salí hace unos meses para quizá encontrar el trozo de equilibrio, de fraternidad, de calor, de comprensión, de aceptación, de amistad, de compañerismo y, por supuesto, el amor que la soledad despoja a solitarios y bohemios, tiránicamente, poco a poco.

No te equivoques yendo de feminista. El maltrato psicológico no es sólo unilateral. No es sólo de hombres a mujeres. Te lo firmo hasta en algunas de mis cicatrices. De ahí mi sentido del humor el cual tanto te molestaba cuando había de tomarme a broma reproches y subliminares vejaciones tuyas. A día de hoy, a los varones de verdad, sólo nos queda el humor, el silencio y la evasión, nunca el enfrentamiento. Yo sigo pensando que hay una parte –subrayo: una parte- de negocio en eso del teléfono para el maltrato y toda la parafernalia por los derechos de la mujer y tal y tal… y si por pensar así, me llamas machista, te equivocarás y por lo tanto me la traerá al pairo.

He pensado en abrir la bombona de butano y meter la cabeza dentro, pero tengo que reconocer que no puedo defraudarme conmigo mismo después de decidirme por fin a poner una vitro. A lo mejor iré a comprarla con una amiga al igual que tú cuando vas al cine, de cañas y tertulias con tus amigos. 

He pensado arrojarme por la ventana, pero vivo en un ajado y digno dúplex. Demasiado arriesgado para sufrir una lesión que me excluya de hacer deporte o me obligue a tomar una baja temporal. Mala idea teniendo en cuenta como están las cosas a nivel empresarial. Ya me vale…

Una alternativa sería cortarme las venas en la bañera, como en las películas, mientras el agua se va tiñendo de rojo a la vez que mis ojos se clavan en el vacío, con la mente rescatando inolvidables pasajes de amor vividos junto a ti. Seguro que esta escena no te cuesta imaginártela, siempre he reconocido tu inventiva, tu capacidad de recrear sucesos y planos cinematográficos tétricos y morbosos.  Tienes una singular susceptibilidad de directora de cine, muy divertida, aunque deba reconocerla como lamentable, desconcertante hasta el desconcierto más desconcertador por el modo de juzgar a las personas que aparecen por tu mundo real. En ese aspecto siempre te compareceré. Es tu lado frío, tu innata porción cruel de personalidad manipuladora, encantadora y cínica. Lo tuyo no es precisamente ser justa ni equilibrada como la balanza icono del ministerio judicial. Tampoco te preocupes. Vivimos en un país donde vale todo si tienes poder. Tú tienes glamour.

Pero como te iba diciendo, …la vida de Flynn… oye… genial, así como te digo. Muy buena. Me ha gustado mucho. Robert de Niro, fantástico, como siempre.

Hay dos sencillas frases de la película que me han impactado: “Nacemos para ayudar” y “las palabras no matan”. También hay otra que me ha gustado mucho: “Soy un gran escritor”, ahí me he conmovido por el desengaño y la enajenación del personaje. Que despropósito, ¿verdad?

Lo cierto es que al final, y tras largo rato incentivado por quitarme la vida, he decido suicidarme de otra manera. Desaparecer de otro modo. Quitarme de en medio con algo más de estilo. Al fin y al cabo ¿qué es la vida? La vida es nuestra propia novela en construcción si somos capaces de escribirla, sentirla,  recomponerla, corregirla y hasta incluso desechar esos segmentos de narrativa que no nos gustan.

No sería justo privar de mi madurez, arte, seguridad, delirio, idiosincrasia, creatividad, lealtad, ilusión y por supuesto defectos (como toda criatura humana de sexo varón), a esa futura mujer de mi pecho que no sabe aún ni tan siquiera que existo.

Te doy las gracias por todo lo que has conseguido de mí. Me doy las gracias por saberme poco o nada rencoroso, sí generoso, por supuesto resistente, estimulante, señor, tierno, sacrificado, invencible, perdedor; también fehaciente, inocente, galante, sensible, resistente, vividor, samaritano, desprendido, anfitrión, amante, superviviente y por supuesto culpable soñador artista literario escritor.

He tomado la decisión como tú has tomado la tuya creyéndote la mejor de las exploradoras conquistadoras y estrategas de las féminas.

¿Desarrollo personal? Mejor cuida tus inquietudes desenfrenadas.  

Hay muchas personas que desconocen que no tienes corazón y que lo único que retroalimenta tu temperatura corporal es el calor ancestral de una hoguera de aquelarre. Sabes hacer daño como nadie. Me temo que tu nuevo amigo será un “continuará” porque tu insatisfacción te llevará a seguir escribiendo malas historias de amor. No te preocupes. Casi todos los lectores leemos en la cama.

La providencia me debe el amor definitivo. Lo tengo claro. A ti te debe un pardillo.  

Mi intención es suicidarme de nuevo en una nueva verdad, pero no en esta mentira.

“… contigo he comprendido que la humedad, es algo que se seca y se olvida (…)

Estoy escuchando a Sabina. Es sabio. Sublime. Reconócelo, es neta y llanamente tan fascinante como divertido …igual que tú… “Embustera”… Y digo embustera, ejem, ejem,   porque es la canción en la que estoy, o mejor dicho… estaba. Ahora oigo otra:    …“Que te vaya bonito”…

… que te digan que yo ya no existo, que conozcas personas más buenas…(…)

Que conste que no me arrepiento, pero como bien antes te dije que haría, he decidido suicidarme en esa parte narrativa de mi vida comenzando otro capítulo en el mismo punto donde ya no te conozco como cuando te conocí. Camaleónica. Fascinantemente verduga y seductora.

Sé que me has utilizado. Que tu necesidad de protagonismo ha sido demasiado poco competitiva para con mi humilde faceta artística. Por lo visto, a mi lado, no obtienes toda la atención que tu ambición comediante te exige. Estoy orgulloso de mí, jodido en mi orgullo de hombre -bendito dolor bien es cierto- pero altivo y satisfecho de continuar cumpliendo mi honrosa promesa masculina , esa promesa que me hice un día: No hacer daño a una mujer en el amor aunque para ello haya tenido que arrastrarme trasgresoramente a tus pies, reptando como un baboso suplicante.

Decir que te necesitaba y obtener tu fatídica respuesta al ignorarme, me ha hecho reconocer que eres y serás una mujer incapaz de querer de verdad a un hombre. Prueba no superada. Quedas como que me dejas. Objetivo cumplido, mujer pendenciera. Te lo juro. No me importa. Es más, lo prefiero porque de este modo sigo orgulloso de no faltar a la promesa antes mencionada. Insisto: Te garantizo que no soy tu maldición. No eres tan buena chica. Tus lágrimas son de cocodrilo. Tu perturbada risa es maravillosa y negra. Debo reconocerte que me sigue encantando. No soy tu maldición, busca los corazones que hayas destrozado en el pasado y ahí puede que entiendas por qué estás maldita y por qué tendrás serias dificultades para encontrar el amor del resto de tu vida. Quedan pocos sumisos estúpidos sadomasoquistas. Date prisa o espera a rebajas. Bailas muy bien, pero los tíos no queremos para siempre en nuestra vida a una mujer celebrando Halloween constantemente, ah, y por cierto, cámbiate ese color de pelo rojizo. Se chiva de ti.

Estoy triste por mí. Estoy triste por ti. Has resuelto mis dudas y en el fondo me das pena.  

Tú me ganas la partida, yo salgo vencedor porque tengo más nobleza que tú.

Eres la mejor, por eso, este resucitado te acaba de bloquear en el wasap.

 

 

Mañana tengo un día intrigante. Te lo garantizo.

Game over.

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

DESPUÉS DE UN AÑO

 

Tenía 29 años de edad. Catorce de Septiembre de 1987, su abuelo, con

la solemnidad de un alquimista,  le hizo prometer que no abriría esa caja de madera hasta un año después de su muerte, y que además, habría de hacerlo justamente al año siguiente a su desaparición. Ni un día más, ni un día menos.

Toda materia degenera  y muere. Hasta las estrellas lo hacen.  Y  así hubo de entenderlo el nieto de Fabio Gutiérrez.

No olvidó su promesa, ni por supuesto aquella caja que guardaba como tótem familiar junto a una pequeña ánfora donde guardó sus cenizas.

Un año después, lo adoraba. Lo admiraba.

Ojos estupefactos, quizá incrédulos, puede que húmedos.  Junto  a esa botella de brandy de Jerez, un pequeño sobre:

Nunca fui un gran bebedor, pero he hecho amigos, he superado celos, he cerrado negocios, y sobre todo, he entendido la vida.

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

HACED LO QUE DEBÁIS.

 

Negro zaíno y con una mancha blanca en el lomo. Quiero ése. Salgo del quicio poniéndomelo  a rebufo. Lo he tomado bien. Dos metros, puede que tres.  Los morlacos avanzan dispersados y veo mis deportivos blancos tirando de mis piernas a buen ritmo. Vale, vamos bien, dale chaval…  Inadvertido pateo en la carrera una lata y ahora miro hacia atrás. Le veo la cara. Voy bien, la adrenalina subiendo. Al doblar Mercaderes empato a un tordo retrasado que en ese momento resbala pezuña en el piso y me zancadillea.

Desde el vallado escucho un “ahí va la hostia”. Alguien da buena cuenta que la he cagado. Me precipito sin equilibrio: un primer plano de la fachada, un golpe en la cabeza, después un fulgor súbito en mi cerebro… Saturno, Venus, y toda la vía láctea, pero antes de perder  la consciencia  percibo un fuerte aguijonazo en mi muslo. Eso es asta – me digo- ése es el manchado. Me ha trincado…– me repito.

No tengo ni idea, o seguramente sí, esas luces blanquecinas brillantes me suenan a cuando aquella apendicitis.  Me echo mano a la pañoleta roja, y sí, sigue conmigo:

-Haced lo que debáis, pero esto ni se os ocurra quitármelo del cuello.

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

     

           SIEMPRE ENTRARÁS SIN

 

                 LLAMAR A LA PUERTA

                        

                   (Por Andrés Rubia)

           

 

Les pongo en situación antes de proceder a contarles lo ocurrido un miércoles de San Aurelio, por aquel mes de Julio, justo hace un año.

Todo el mundo sabe que dormir es enajenar la mente en un vacío mental oscuro e inocuo de sustancia cognitiva. Cerebro, neuronas y sistema nervioso quedan bloqueados para la consciencia y percepción. Bien mirado y qué duda cabe, un placer hedónico, sobre todo cuando dormitar se practica de un tirón y sin pesadillas.

Pues bien… Aquella mañana, tras abrir los ojos, supe que la realidad de mi vida había sido invadida por una indefinible energía prodigiosa. Ignoro las horas que mantuve el sueño bajo aquella luz intensa, radiante y blanca como el torrente de un flash persistente durante lo que duró mi plácido y luminoso descanso. Para que puedan captarme mejor, les diré que aquella onírica experiencia fue como si todo mi ser hubiese yacido en fase REM, coexistiendo al igual que un aparato humano con células artificiales, recargándose de igual manera a como lo haría un teléfono móvil enchufado a la red eléctrica.

 

Veinticinco días antes, aquel siniestro ser paranormal y guasón, había invadido mi rutina vital con un mensaje sms. Pocos días después, y a través del facebook, por supuesto de manera anónima, hacía lo propio enviándome el mismo texto. Más tarde, también lo haría por el tuiter sin tan siquiera estar agregado a mi grupo de amigos o conocidos. Insisto: siempre anónimamente.

Transcurrida una semana previa a la entrevista que anunciaban dichos mensajes, quien quiera que fuese me advertía una vez más con una carta de correos certificada, llegada a mi domicilio de un modo sorprendente, por supuesto sin remitente. Por último, la tarde anterior a la tal avisada visita, irrumpía un nuevo mensaje en mi bandeja de entrada: un e-mail de autoría oculta, antojándoseme como un aviso insolente y pernicioso para el devenir de mi destino.

Si les digo que atravesaba uno de los peores momentos de mi existencia, les garantizo que en absoluto estaría mintiendo. Helena, la mujer que medio año antes, y clavada en mis ojos como una serpiente del Edén, hubo puesto en sus labios aquello de que por mí mataría, se había marchado de nuestra casa alquilada en el barrio de las Espumas, dos lunas y doces días atrás, abandonándonos a Dusty, nuestro preciso pastor belga y a mí, a una resurrección improbable. Luego, un servidor de ustedes, conocería que el motivo no fue mi frecuente inapetencia por compartir las tareas domésticas o mi afición a la cetrería, como así ella arguyó. Estúpido, cándido y enamorado, la creí. Acepté su decisión como un cretino a punto de autoflagelarme en Jerusalén frente al muro de las lamentaciones. Supe que tras tres meses, liada hasta las trancas – nunca mejor dicho pues sus piernas eran largas y formidables- con el jefe de personal del Carrefour de Pinos Fuente, marido, esposo, cónyuge casado y con dos hijos, decidía romper con lo nuestro, harta de clandestinos encuentros en hoteles y en el asiento trasero de un BMW serie siete. Así desacralizaba el santo adulterio, mudándose a vivir con él a Castellón y a poco de serles concedidos los traslados a ambos.

 

Una fecha: 27 de Julio, miércoles. Y un mensaje: “Recepción de poderes. Mensajero de motivos. Sr Fabregas, por favor, recíbale convenientemente”.

 

De esto hace un año y poca importancia tiene ya el asunto después de salir del trance. Es por ello que no me extenderé en detalles. Tengo que madrugar. Mañana tengo otro encargo que cumplir. Y dicho esto, continúo:

Lo cierto es, como les iba diciendo, que ese miércoles 27 de Julio de 2011, Dusty anduvo todo el tiempo muy inquieto, puede que contagiado por mi ansiedad, o quizá, por ese sexto sentido que dicen, los perros poseen. Había asumido la cita, y logré que me autorizaran el día libre en el gabinete de control de calidad donde me gano la vida. Sin salir de casa poco más de unos minutos, aproveché para hacer algunas tareas domésticas atrasadas, así como otras chapuzas caseras. Hasta incluso compré quince bombillas en la tienda de la esquina y recambié las trece fundidas desde los tiempos de Edison. Y es que estoy algo cabreado con Endesa y sus excesos en las facturas, pero de ahí a salir ardiendo por culpa de tanto cirio en las habitaciones, va un abismo…Pero a lo que vamos. A las once de la noche, ya había perdido toda la fe y comenzaba a masticar algunos improperios contra los más que sospechosos compañeros de turno, quienes conociéndome, supuse, habían jugado conmigo conocedores de esa pasión mía hacia los asuntos de misterio. Desde luego, ignoraba cómo habían logrado el anonimato en los sms, y sobre todo, cómo habían eludido el nombre del remitente y la dirección en el correo electrónico. Pero Jorge, por citar uno de ellos, es un genio en eso de la informática y las nuevas tecnologías. Un chico tímido. Fíjense ustedes hasta el punto, que hasta incluso le creo incapaz de gastarme una broma así, aunque entonces y en su momento, supuse que los otros truhanes, traviesos amigos, le habrían hecho acometer tal prevaricación contra mi persona. Sigo explicándoles. Por ejemplo y sin ir más lejos, diferente sería el caso de Patri. Este es un sobresaliente encantador de serpientes. Creo que sería un buen político hasta el momento de manejar caudal público. Ahí todos la cagan y me temo que él no sería una excepción.

Dusty subió las orejas, gruñó amenazante y dio un respingo abalanzándose hacia la puerta. Nadie llamó, pero al oír mi nombre mencionado desde detrás y una voz desconocida, comenzó a ladrar como un descosido.

-         ¡Calla Dusty! ¿Quién hay ahí?

-         ¿Es usted el señor Alvaro Fábregas?

-         Sí, soy yo. ¿Qué desea?

Unos segundos de silencio. Dusty continuaba gruñendo amenazador.

-         Perdone la hora. Traigo unos documentos para usted. Según tengo entendido, ya le avisaron de que hoy los recibiría.

Por mi columna vertebral fluyó nieve derretida con grumos de granizo. Eran las doce menos un minuto de la madrugada, y si algo quería evitar a toda costa, era que los vecinos detectasen movidas raras frente a mi 2º D de la calle Galanes.

Me acerqué a la mirilla, corrí la plaquita pero apenas conseguí ver una sombra. Aún dudaba si abrir cuando de nuevo me apeló:

- Señor Álvaro, quien me ha encomendado entregarle esto, me ha dicho que usted no objetaría inconveniente alguno en recibirme. No tema, y por favor, acepte de nuevo mis disculpas por tan intempestiva hora. Créame… Es algo importante.

La voz masculina de ese extraño parecía franca, cordial, pero haber apreciado tan sólo una silueta oculta, me hacía seguir vacilando.

No entendí su reacción. Del modo más sorprendente, Dusty se volvió con sosiego hacia su cojín, confiado, como si aquel visitante ya se hubiera marchado o fuera alguien conocido. Volví a mirar por la mirilla, y entonces averigüé su perfil. No había visto en mi vida a ese hombre. Rondaría los cincuenta y bastantes años. Pelo corto y canoso. Vestía un extravagante traje púrpura, y la corbata anudada al cuello de su camisa negra, era de un celeste intenso. El temporizador de la luz del portal cesó, y de nuevo se hizo la oscuridad en el rellano.

-         Está bien, señor Fábregas, ya me marcho. Disculpe la molestia…

Miré a Dusty. Se mantenía plácido y arrullado, dándole el lomo a la televisión con el volumen muy bajo. Me tomé un instante. Miré el suelo, pensativo. Entretanto, el silencio de la noche se rompía de súbito por el eco de un chasquido huraño y mecánico proveniente de las poleas del ascensor. El tipo había pulsado el botón para traerlo hasta el piso y bajar en él. Un detalle que no me pasó inadvertido, sospechoso, pues antes no lo había utilizado para llegar hasta mi puerta. Desde las once y diez que llegara la hija de los vecinos del sexto, el elevador no se había vuelto a escuchar. Era evidente que el intruso había subido por las escaleras. Descarté que hubiese entrado por la ventana del rellano. ¡Qué puñetas digo! Estamos hablando de un edificio de ocho plantas pese ser un segundo piso. Son al menos treinta metros de altura hasta aquí. Sí, sí, la imaginación al poder, pero sin pasarse.

Al final me decidí. Comencé a desaferrar la cerradura y tras unos segundos, no muy convencido y con precaución, abrí. El personaje de púrpura estaba ya a punto de embutirse en el hermetismo del ascensor cuando me sonrió. Efectivamente. Portaba bajo el brazo un cartapacio de piel, de aspecto muy usado y antiquísimo. Entonces, se dirigió lento hacia mí, sin borrar su crédula sonrisa, la cual, se me antojó a la de un neurocirujano en el quirófano, curioseando satisfecho el despertar de su anestesiado paciente después de una exitosa operación a vida o muerte.

 

- Gracias señor. Pero si da su permiso y me permite pasar, podré explicarle todo y cuanto debe saber… Con todo detalle.

 

Resumiendo… Que después de la explicación de ese tipo llamado Ezequiel, según dijo llamarse, acabé aceptando y por tanto firmando el pacto. Nada más sencillo para entendernos: …O bien firmaba aquellos papiros, o bien quedaba muerto para el resto de mi existencia.

Fueron sólo cuatro meses. Los mismos en los que estuve en coma profundo. Y aunque a día de hoy acepto algunos encargos, aquella experiencia siempre será inolvidable.

Por citarles algunas de mis colaboraciones con esa organización secreta altruista caritativa, pero armada con el instrumento parapsicológico más potente que puedan imaginar, puedo describirles cuando el 19 de Septiembre del año pasado, permanecí en Manhattan durante una semana alojado en un panorámico apartamento cercano a Wall Street, provocando que los más grandes y poderosos tiburones financieros, vendiesen un treinta por cierto de las acciones para comprar deuda a un interés ridículo en países deprimidos y con una situación económica alarmante. La lié parda. Me lo pasé en grande. No se pueden imaginar cuando la bolsa de renta variable española subió un quince por cierto a la apertura, y un veintiocho al cierre. Una pasada. En Grecia, Portugal e Irlanda, ocurrió algo parecido mientras las acciones de empresas chinas, inglesas y americanas se desplomaban un cuarenta por ciento. De escándalo, ya les digo.

El dos de Noviembre, creo recordar, a todos los miembros diplomáticos representantes del G-20, a todos sin excepción, y en una sola noche, les metí en sus confortables y pomposas alcobas mientras dormían porque luego nasti di plasti, ciento veinte niños de ambos sexos. Cada uno venidos desde un lugar geográfico distinto del planeta. Todos con la homogénea peculiaridad de ser oriundos de países pobres, muy pobres o desesperadamente pobres, y con una altísima tasa de mortalidad infantil a consecuencia de la inanición y la enfermedad. Evidentemente, los propios magnates, sus esposas, amantes, y parejas de hecho homosexuales de algunos de esos miembros del G-20, pasaron toda la noche en vela escuchando los ruegos enfermos, gemidos hambrientos y demás solicitudes de misericordia por parte de esas criaturas quienes, a veces, con bellos cantos y otros arraigados gimoteos, les precipitaron un sentimiento de culpabilidad que para mí no quisiese jamás.

Me parece, creo recordar, que el dieciocho de Diciembre de ese mismo año – no me pregunten cómo- logré reunir a todos los reyes, jeques, emires y sultanes más poderosos de Oriente Medio en Dubai, y demostrarles que de ellos dependía el que cesase esa pandemia de apariciones asombrosas y paranormales, consecuencia de la erupción de símbolos cristianos tintados en los frontispicios de los más emblemáticos edificios de sus capitales, en los asfaltos de sus avenidas más transitadas, en las tiendas más glamourosas y caras, en los neones comerciales, en las paredes de colegios y universidades, en los barriles de crudo que siguen exportando a países sin recursos petrolíferos, y hasta incluso, en el cielo de sus ciudades, como si esas cruces cristianas, panes, peces, cálices y demás iconos católicos, apostólicos y romanos, estuviesen siendo esculpidos en las nubes y escenificados por un dios misterioso y omnipotente. Qué duda cabe, aceptaron mi proposición, qué remedio, y la organización para la que coopero, cumplió su palabra. Inapelables, con solvencia y señorío. En una semana, cesaron tales extravagantes sortilegios mientras quinientos mil millones de dólares se repartían por todas las ongs honorables del planeta.

Y así podría estar contándoles sucesos y benditas fechorías hasta una semana antes de Navidades, pues me tomaría unos días de vacaciones, y así volvería con fuerza para seguir contándoles anécdotas y más acontecimientos cuando por aquel tiempo estuve dotado de poderes autorizados por la organización.

Ahora entenderán cómo es posible que Ezequiel, nada más irrumpir en el salón de mi hogar -caótico hogar- fuera recibido por Dusty, moviéndole éste el rabo y lamiendo su mano al acariciarle, agradecido. Sobre la mesa había una jeringuilla usada. Se trataba de una inyección letal de liberación lenta que yo mismo me aguijé haciendo uso de mi derecho a la eutanasia por estar enfermo de amor, y la cual, gracias a la aparición de ese representante de la organización parapsicológica humanitaria –cuyo nombre o siglas prefiero omitir- pude hacer reversible a su efecto mortal.

Les garantizo que a día de hoy sigo vivo, aunque en ocasiones lo dude más de lo que puedan pensarse.

Esta es la historia. Hoy ha sido un miércoles duro. Debo descansar, y por tanto dejarles ya con el regusto de mi experiencia. Antes, como bien les he referido, tengo un encargo para mañana. ¿He dicho encargo? Bueno… si es que así puede llamársele.

Les explico: Todos los jueves, y desde hace ya más de seis meses, Helena acude a un psiquiatra, también psicólogo experto y licenciado en sucesos paranormales. Va casi siempre acompañada de su cónyuge jefe de personal y papa frita integral, y de cuyo vulgar y corriente nombre ahora tampoco quiero acordarme. Qué maravillosa es la vida. Me encanta presenciar sus sesiones y lo hago sin perderme una sola, como si de una formidable serie de televisión o adictivo culebrón se tratase. Me instalo en ese sillón de la esquina de la consulta siempre vacío. Me acomodo incorpóreo e invisible por la otorgada gracia que mi organización parapsicológica benefactora, revolucionaria, contra-sistema, altruista, damnificadora, etcétera y etcétera, me concede. Disfruto muchísimo. No saben cuanto. Y es que al parecer, las relaciones sexuales de la parejita no van muy bien. Helena, cuando está a punto de llegar al orgasmo, comienza a tener espantosas alucinaciones, las cuales, y según confiesa, ocurren en la misma alcoba de su casa, habitación de hotel, tienda de campaña, asiento trasero de coche cualquiera, y en definitiva, en todos los lugares donde los amantes de Castellón (tontucia ella, él también tontorrón) lo intentan obteniendo como resultado el coitus interruptus. Siempre. Gatillazo al canto. No falla.

Atentos. He aquí algunas de esas visiones poco antes de que mi excompañera llegue al climax: Pingüinos bailando el paquito chocolatero. El mantecoso rostro de Torrente susurrándole al oído “amigueta” mientras mordisquea su lóbulo derecho. Mariano Rajoy, vestido de faralaes, escenificando un chiste políticamente incorrecto sobre curas y toreros. Cristiano Ronaldo y Leo Messi dándose un beso a tornillo, o también, viendo aparecer la imagen de Belén Esteban, con una pizarra como fondo, dando clases de Filosofía y Ciudadanía en un Instituto de Bachillerato. Estos son algunos de esos delirios y puedo apuntarles que no están todos.

Señoras y señores, lo dicho. Me despido de todas y todos ustedes. No olviden ser generosos con los demás, y sobre todo, pese a que en un momento dado pueda ser divertido, nunca se suiciden por amor.

                                                               

     FIN

 

                                                          

         Andrés Rubia

 

 

 

              Doce meses duraron aquellos doce años mientras por esos doce días

pensé en cómo en tan sólo doce horas hacer desaparecer al Tiempo durante

estos doce segundos que son los que se invierten en leer ésto.

 

 

Doce meses duraron aquellos doce años mientras por esos doce días pensé en cómo en tan sólo doce horas hacer desaparecer al Tiempo durante estos doce segundos que son los que se invierten en leer ésto
Una pluma escribía sobre las ruinas de un sueño mientras su dueño reflexionaba: las heladas, el sol y la lluvia borrarán lo escrito. Es demasiado triste. Las cosas más maravillosas son muy breves y por ello la vida está obligada a dar oportunidades. Sólo una palabra de las aquí escritas será indeleble: Tiempo.

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

SERÁ CAPULLO MI AMIGO CHINO

 

Eustaquio nació en Xian, en el interior de la China central y le apasiona la lengua española. Tiene un problema con las palabras amor y humor,  pues dice que está experimentando con ellas al ser muy parecidas. -Hasta riman incluso- alega- pero sin embargo, muy difíciles de combinar con el clímax de la pasión. Para entendernos: Amor – Humor ¿lo cogen?... Vamos, que ya saben a que me refiero, a partirse el culo en el orgasmo.

Eustaquio es un obstinado científico investigador de las palabras y un tonto del haba. Para él un barbarismo es un exceso exagerado de muñecas Barbie, o sea que va y me hace una reveladora confesión: Su mujer se llama Asunción y me dice así: “Lo he intentado encima de mi vieja lavadora, centrifugando, enganchados de la lámpara, colgados de un columpio, en el catre y permitiendo que el cabecero golpetee el tabique que separa nuestra alcoba de la de los vecinos mientras suena  una casete de la Pantoja. Por cierto, qué majos y sutiles son ellos, aún no se han quejado. Sólo me han hecho un graffiti en la fachada de mi casa: ¡Votad PP depravados!... Nada, no hay manera –prosigue-  El final siempre es el mismo y acabamos el acto sin carcajadas. En conclusión, que no termina en risa nuestro humor con amor. Una frustración – asegura- Ese es el meollo. Yo me escucho ¿y tú?... ”

Me quedo pensativo, al fin y al cabo, que él sea un aventajado gilipollas no significa que yo también deba serlo, y por tanto, acepto solidarizarme por aquello de donarle mi juicio. (Debo estar loco para ser un don y darle mi cordura). Sigo vacilante con el dilema pero… ¿Qué más le digo? ¿Que quizá podría ser un problema de disfunción?  Al final asevero: Eustaquio, memo querido, chino de los cojones, el dilema es ese: Un problema de elección expelimentado por un amigo chino oliental al no podel vel películas polno por su erección llamada Asunción.

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

           EN DEFENSA DEL PARQUE NATURAL CABO DE GATA

 

¿QUIÉN TE ABANDONA CABO GATA?

 

Ibérica Joya mediterránea de reyes piratas.

Soleá neolítica del frío blanco de la Sierra Nevada.

 

¿Quién te abandona en tus ruinas?

¿Quién no te besa la boca?

¿Por qué ponen en olvido tu fenicia belleza de mirada mora?

 

Buscaron tu oro y hallaron más sol.

A pie de orilla, en un rincón relegado de Andalucía,

un cartaginés te decía: quiero quedarme contigo.

He navegado para encontrarte,

                                                  mi amor.

 

He comido un bocadillo de tortilla incómodo con tu arena.

Yo he sentido tus olas, he acompasado  las danzas de tus vientos,

he visto a una ninfa llegar a tus noches, a la luz de una hoguera,

la misma emperatriz romana, sirena, que lloró de sentimiento.

 

¿Quién te abandona en tus ruinas?

¿Quién no te besa en la boca?

¿Por qué ponen en olvido tu fenicia belleza de mirada mora?

 

El cortijo del Fraile se desmorona.

Y el poeta se acongoja casado con tu sangre de boda.

Clama a tus cielos en drama, y no puede curar las heridas.

No puede resucitarte Federico Garcia Lorca.

 

Pintores, amantes, trovadores,

salamandras mendigando en los guijarros.

Nudistas, hippys, escultores,

perros abandonados, esnobistas, desertores.

Lágrimas de artesano en el barro de sus creaciones,

caballitos de mar sin posidonias;

y entre las algas, el óxido de una lata.

Bañístas, callejeros, políticos malhechores.

Yo te busco en mi mirada, Cabo Gata.

 

Son súplicas, misericordias, para ti mis versos en oda.

 

¿Quién te abandona en tus ruinas?

¿Quién no te besa en la boca?

¿Por qué ponen en olvido tu fenicia belleza de mirada mora?

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

                                                 LO PEOR DEL AMOR (de Sabina).

VERSIÓN PROSA POÉTICA (A. Rubia)

 

Suele ocurrir cuando el amor termina. Entonces salen las manchas cuadradas de los marcos. Las fotos de boda extraídas.

Lo peor del amor cuando termina son las largas calmas. Acorazarse fuerte y egoísta. Un solo pijama bajo la almohada. La cama demasiado grande de vacía.

Sacar ganas de vivir en libertad y caer preso de la supervivencia. La soledad prestándonos todo el asiento del sofá mientras el móvil nos mira en silencio y más silencia.

Lo peor del amor cuando termina es el ansia. Distraernos porque es nuestro, sólo nuestro el maldito mando a distancia.

Las noches son más cortas y un ordenador y sus teclas marcan las mismas notas. Real o virtual, no es verdad, pero si miente igual da. Pasar de escombro a persona entre ruinas.

Suele ocurrir cuando el amor termina. La manta para dos de la sala de estar sin estar compartida. El juzgado, el procurador, el abogado por fin saldado y en la cocina la cena recalentada del guiso del mediodía.

            Lo peor del amor cuando termina es que ya no importa si vas o vienes. Volver a sonreír un viernes, pero al regreso encuentras en la mejilla un adiós de alcohol mientras un frío de nieve moja el piso de alquiler. Lo peor del amor cuando termina es la última salida, otra cualquier habitación sin pasos, muda, sin luz encendida. Remediar los pecados provocados, rellenar el hueco desvaído, preguntarnos lo que fue por esquivar con la última lágrima lo que pudo haber sido.

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

                                      OS DOY MIS MALDICIONES. (ORACIÓN)

 

Yo os maldigo.

Lo hago porque debo decir lo que digo.

Porque sois víctimas de la velocidad de la rotación.

Porque no hacéis caso de la traslación en el sistema solar.

Porque halláis ambición en vuestra conciencia interior.

Porque estáis tranquilos provocando dramas sin estar en guerra con vosotros mismos.

 

Yo os doy mis maldiciones,

                                            aunque pueda mirar, cantar, bailar, recomponer aún en la legalidad una vieja emoción de los ochenta.

Absenta balsámica para el trovador.

Versos como virotes para la saeta.

Navidades de un parado sin sol.

 

Apiádate de nosotros, de sus malas gestiones, señor de las alturas, de las hambrunas, de la sed de los pobres.

La crisis mundial como excusa recesión.

Ayer vi a un padre con sus hijas rebuscando en las basuras.

 

 

Ten piedad de los que callan con amargura sus buenas reputaciones.

De las mujeres quienes aún ruegan al cielo un varón que les dé cariño.

De aquellos quienes siendo niños no ansiaron crecer con derecho a sufragio.

 

Yo os maldigo deshonestos mercaderes de lunas.

Yo os condeno: soplagaitas, mercachifles, cantamañanas, gañanes embusteros quienes aparentéis cordura.

Os deseo cien años sin poesía, otros cien de melancolía más uno de eterna soledad.

Merecéis un excremento de jubilado con lazo rojo cuando con deslealtad juguéis al amigo imposible.

                                         

Me acuso… Os acuso, acusadme pues de poeta,

De romperme en añicos con latidos, de perder la cabeza, de inventarme un planeta donde no armonicen padecimientos y penas con tristezas.

Amordazáis alegrías.

 

Malditas sean las mujeres vengativas, las leyes que abusan de poder, las de mermelada amarga.

Los senadores con mentiras en la chistera, los coleccionistas de legislaturas, de pensiones vitalicias en la manga, los que pagan con erario público en burdeles y alguna mariscada con bofetadas al I.R.P.F.

Nunca exponen su mejilla derecha pero aprietan tu cuello, tus subsidios,

tu mano izquierda cuando saludan en campaña.

 

Malditos sean vuestros asesores presupuestados.

Los ascensores que nunca os bajan a las cloacas.

Los vampiros quienes al revés nos clavan estacas.

Las sondeos electorales recaudadores que dicen la verdad.

 

 

Lo sé.

Palabra.

 

Furibundo os dono mis vómitos, mis maldiciones.

Os lo juro: Seguís mintiendo para sobrevivir y ya está bien por hoy.

Tengo insomnes los ojos.

Churretes bajo mis ojeras.

No tengo sueño y necesito dormir.

                                      

 

 

&&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

LA UTOPÍA DEL ALMA: POEMA DEL LOCO.

 

Imagina que el sol de ese planeta,

saciado,

por siempre bastara.

Que allí, la naturaleza se presentara indestructible de belleza.

Que en ese lugar, sonreír fuera la destreza imprescindible para nutrir las células.

Imagina.

Imagina adquirir la energía de felicidad perdida sin máscara de oxigenoterapia.

Aire perfecto, impoluto, sin caducidad.

Respiración extraña de la mejor, auténtico hálito de verdad.

 

Imagina que no necesitaran cura las criaturas porque al  no haber enfermedad…

...ya no tengo edad de soñar, de inventar, y sin embargo…

Imaginad.

Imaginad un mundo sin lamentos, ni alimentos, ni dinero, ni depredadores.

Una estrella única, dueña bondadosa de todas las vidas, formidable, suficiente, inagotable.

Imaginad.

Imaginad una luz nutriente de vitamina eterna, magnánima y fiel a la inmortalidad de los seres humanos.

¿Es tan difícil concebir ese mundo?

A veces me da por pensar en cómo cambiarlo pensando en los que sufren, en los que enferman, en los que pasan hambre, en los que pierden la razón y la cordura por una ansiedad leprosa y torturante.

El poema del loco.

La crisis ha llegado a oídos de los más desafortunados, esos que cohabitan en la miseria.

Creo que compadecen nuestro infortunio. Ellos nunca han conocido módica abundancia a ningún precio.

De ningún modo.

Algunos sonrien aún asi

Un mundo raro.

 

El ánimo de los míseros, de los pordioseros, de los necesitados sin pan, hoy solidarios con nuestra calidad de vida a la cual, esta mañana el banco le ha rechazado un préstamo.

Imaginad

Imaginad un sol, un mundo único, un planeta sin lamentos, sin alimentos, sin dinero, sin necesidades.

La utopía del loco.

 

 

&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

 

PERFOMANCE LITERARIO DEL

JOVEN APRENDIZ DE PINTOR.

 

(Por Andrés Rubia)

 

Una vez leí de Arturo Pérez Reverte que al escritor no debía conocérsele, y bueno, es algo con lo cual y reflexionando para dentro, hube de darle la razón como ahora se la sigo dando: Pues sí, estoy contigo Arturito.

Escribir y escribir bien es tan difícil que dada la cantidad de imbéciles que hay con pretensiones de saber de todo y saberlo todo, provocan de ti un perenne artista en ciernes con matices de idiota crónico. Me moriré aprendiendo como buen autodidacta que soy pero que nadie se dé por aludido, por favor, de hecho, cualquier persona lectora, simplemente por el hecho de estar leyendo esto, goza de la oportunidad  -de ésta mi legible oportunidad - para poder considerarme como tal idiota (espero que al menos con una pizca de respeto) ante el estricto hecho de estos párrafos.  

Lo peor de la ignorancia e incluso de la fruición de verle a uno caído en el lado más oscuro de los paraísos artísticos, es que mientras esos babazotas opinan, lo hacen sin tan siquiera haber leído el más infortunado pero digno de mis renglones, o mis versos, o cualquiera de mis pinturas literaturalizadas, o incluso alguno de mis dos libros publicados; y además opinan enjuiciando con descortesía, con esa enfermiza estupidez egocéntrica por el simple hecho de conocerme. ¿Ven? ¿Es para estar o no estar en armonía conceptual con el Reverte?

Desde este momento, y si el amigo Antonio Torres Tripiana (¡oh grande signore!) da su beneplácito publicando en un próximo número de Transparencias este ejercicio literario, quisiera hacer una innovación literaria -si es que puede llamársele así- y mientras continúo con mis tribulaciones a cerca de la miseria que como autor poco reconocido obtengo en este mundo literario-artístico, iré transcribiendo la letra de una canción excelsa, íntima y catártica –al menos para mí y tiro porque me toca- venida a colación entre otras razones porque es de la propiedad intelectual de un famoso cantautor, a buen seguro el mejor letrista de este país– e insisto de nuevo: al menos para mí- pero antes habré de hacerles un inciso: Estoy harto de hartarme de hacer por el arte lo que el arte se harta de no hacer por mí, entre otros motivos, porque quizá, éste que les escribe, vino a cohabitar un tiempo, una providencia, una ciudad donde la suerte me sirve de idóneo lubricante para seguir desconocido. Resumiendo: que estoy hasta los “blandos” de ser un extasiado artista en constante combate con la inspiración, incomprendido, desvaído con más o menos talento pero orgulloso de sí mismo, aunque eso sí, por amor al arte. Ya ven… amores que duelen, amores que matan, amores que resucitan, amores que siempre se conjugan por amor.  

Déjenme agregar que estoy de acuerdo con aquello de que soy poco o nada popular pero también es verdad de que no por ello me siento menos decente que cualquier otro escritor como creador que soy. Y añadiré algo más: estoy hasta la coronilla de tanto retorcido estúpido que como un honorable lerdo e ignorante,  comenta en la orejas de muchos que soy una especie de friki cuando éste que teclea  hubiera preferido ser llamado de otra manera, no sé: fantasma confiado, pedante con astrolabio, frívolo estresado, cualquier otra cosa menos esa palabra tan de moda entre la gente taruga y snob, con la cual, adornan sus propios protagonismos fétidos en el momento de opinar. ¡Que lean algo joder antes de joderme! ¿Qué menos!?

 

Aquí va lo que les prometí al principio de este texto:

¡Música maestro! (….,)

(…..):

 

            El joven aprendiz de pintor que ayer mismo

juraba que mis cuadros eran su catecismo.

Hoy, como ve que el público empieza a hacerme caso,

ya no dice que pinto tan bien como Picasso.

 

El caso es que les continuaré con este experimento de “articulocanción” con el cual les garantizo estoy disfrutando de lo lindo, vamos, como un indio haciendo el indio, y es que hace ya tiempo decidí pasármelo bien con esto de escribir, pese a que a veces deba sufrir la humillación, la frustración y la ironía petulante, viéndome obligado a soportar la maravillosa dolencia de sentirme un jabalí salvaje itinerando de un lado para otro con el resto de la piara de cerdos. Tomarse las cosas en serio tiene sus ventajas: cabrearse a estas alturas de siglo se ha convertido en una cíclica necesidad añadida a la de comer, abrigarse, soñar, defecar, etcétera. Para qué vamos a negarnos el derecho al pataleo. No existirá nunca el mundo perfecto mientras el ser humano continúe con su “erre que erre” por aquello de querer ser más que lo demás, diferente a los demás, más no se qué en esto u otro, más inteligente y más afortunado en la cuenta bancaria que los demás. De pena. Cuando no entendemos algo tratamos de darle una explicación, y si no, nos inventamos el motivo. De puta pena. El caso es no parecer un aprendiz. El raciocinio nos está llevando a la neurosis, a la necedad. El caso es ser crítico, mordaz, insolente y nunca conformistas; imitamos a los malos políticos o a los más sagaces y mezquinos periodistas, y mientras tanto, como borregos, el sistema impone lo que es bueno o es malo, el cine que debemos consumir, la moda y sus tejidos a vestir cortados con cierta indiscreción, la pintura que hay que admirar y la música con la que debemos bailar o enamorarnos. Es mejor disfrazarse de lo que no somos con maquillajes de hipocresía. Y ahora séanme sinceros: ¿No les parecen maravillosos los reportajes del nacional geografic?

 

 

En cambio, la vecina que jamás saludaba

cada vez que el azar o el ascensor nos juntaba,

vino ayer a decirme que mi última novela

la excita más que todo Camilo José Cela

 

            En vela, he pasado alguna madrugada en duermevela. Es duro, les garantizo que para éste que garrapatea, no es fácil mantenerse fiel a sus principios creativos y no enviar el mundo del arte a la mierda. Con el tiempo me he ido apercibiendo de que en el arte también hay mucho gualtrapa y mucho trepa, pero es por eso que no me da la gana (o no me sale de los cojones hablando claro y sin insultar a nadie) adherirme a las fosforescencias políticas. Casi sin quererlo, y ahora mismo, estoy proyectando desde mi ermitaño pero decoroso faro, este rayo de luz hacia la oscuridad del mar que me rodea en esas noches tristes donde hasta la luna en cuarto creciente parece reírse de uno mismo. No pretendo hacerme la víctima autoflagelándome con aquello del ostracismo artístico, el cual, y a lo mejor, yo mismo me procuro por una mera cuestión de miedo y honor, pero debo quejarme, debo manifestarme, tengo que clamar mi malestar y por tanto no me queda otra alternativa que difundir mis “gracias Antonio por permitirme este trocito de página ”. Mañana, seguramente, se me habrá pasado este resfriado de arrogante baja autoestima y hasta puede que vuelva a retomar ese tercer libro pendiente de pulir para su publicación. Pero eso será si el muy cabrón quiere, entre otros motivos, porque el muy granuja, cada vez que a él intento acercarme, como un poseso sin exorcizar, comienza a distorsionarme la pantalla del ordenador, a roer el disco duro, a saltar por encima de la mesa refugiándose de un lado a otro por el mueble bar, por encima de otros libros que no he escrito yo, por encima de los que sí he escrito yo, cabreándomelos a todos y escondiéndose debajo de la cama desde donde me grita : gilipollas, déjame en paz y no me despiertes ni me hagas perder el tiempo o acabaré frustrándote. No lo conseguirás nunca.

 

            ¿y qué decir del manager audaz y decidido

que no me recibió, que siempre estaba reunido?

Hoy, moviéndo la cola se acercó como un perro

a  pedir que le diéramos vela en este entierro

 

         y yo le dije no,

no, no, no, no, no, no, no

ya está marchita

 la margarita

que en el pasado he deshojado yo.

 

Yo soy como la voz de ese satélite desgravitado en un momento en el que debiera emitir alguna esperanza por el bien de la humanidad, por la solidaridad, por el buen empeño y las más dadivosas intenciones; pero es que comienzo a estar cansado de cansarme de lo cansino. Si alguna vez me vuelvo Mr Hyde, no me lo reprochen, pero pardiez, que no hay cosa que duela más que la decepción cuando en quienes más fe has puesto te decepcionan. De acuerdo, soy un idealista, un manso, un utopista. La modestia, mi modestia, la tengo ahora amordazada, y a estas alturas de trayectoria artística, con todo lo que he arriesgado, con todo lo que he puesto en mis castas apetencias artísticas, con todo con lo que he invertido para nada de nada con letras sin números (a veces con rimas envasadas al vacío) no me ha servido ni para soñar como podría haberle ocurrido a un escalador frustrado por llegar a una cima sita a menos de diez pies de altura. Qué pequeño me siento. Mi sitio debe ser el infierno porque aún no concibo ni cómo me las apaño para seguir nadando en el magma. Hasta el Diablo me dice no y bueno, no protesto. Ni mú…

 

 

El torpe maletilla que hasta ayer afirmaba

que con las banderillas nadie me aventajaba,

ahora que corto orejas y aplauden los del siete

ya no dice que cinto tan bien como Antoñete.

 

            En el retrete. Algunos me han dicho abiertamente que me han leído en el cuarto de baño y les garantizo que para mí ha sido todo un honor. Si me lo dicen con ánimo de ofender se equivocan. Lo importante es sobrevivir tras el naufragio y por tanto eso de optar por tal o cual isla donde seguir sobreviviendo con media docena de tiburones voraces merodeándote, me parece un exceso aburguesado.

 

            La propia Caballé que me negó sus favores,

La diva que pasaba tanto de cantautores,

Llamó para decirme “estoy en deuda contigo,

mola más tu Madrid que el Aranjuez de Rodrigo”

 

Digo lo que digo sin entre los dientes portar un tallo de trigo que ya no me queda mucho más que contarles si bien debiera darles una breve explicación de lo que con este “articulocanción” he pretendido. Imagino que se habrán percatado de que la letra de “El joven aprendiz de pintor” es de Joaquín Sabina y que intercalándose con mis palabras, este ejercicio, no tiene otra pretensión que la de desagraviarme por aquello de obligarme a mí mismo a continuar en la brecha hasta que llegado el momento (si es que llega), pueda dar las gracias a quienes creyeron y creen en mí, y por el contrario, desde un sarcasmo sin rencor –por qué no - un día pueda también agradecerles sus despropósitos a los que hoy por hoy no me dieron ni me dan oportunidad alguna. Pero eso sí, a los necios ignorantes que se mofan de mí que les den desde ayer mismo. Este artista literario, día tras día, se hace más viejo mientras intenta seguir creciendo como creador. Es lo que hay.

 

            ¿Y qué decir del crítico que indignado me acusa

de jugar demasiado a la ruleta rusa?

Si no hubiera arriesgado tal vez me acusaría

de quedarme colgado en “Relatos para leer en vida” (*)

 

         Y eso sí que no,

No, no , no , no , no, no,

Ya está marchita

La margarita

Que en el pasado he deshojado yo.  

 

(*): Licencia seudoconcedida por este autor firmante cambiando el título de “calle melancolía”: entonces exitosa canción de Sabina, por el primer libro publicado de Andrés Rubia (por supuesto sin tanto éxito) allá por el año 2001: “Relatos para leer en vida” .

 

 

Que sean felices.

 

 

&&&&&&&&&&&&&&

 

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&

 

 

MICROCUENTO:

 Cuando regresó, su placenta fué el Cosmos. Allí esperó la llamada del siguiente planeta.

 

 

 

&&&&&&&&&&&&&&